28/11/2023
Somos templos de Dios, pero a menudo estamos llenos de ambiciones, intereses comerciales, preocupaciones, necesidades y dolores. Estamos inmersos en el mundo y es difícil vaciarnos de todas estas distracciones. Sin embargo, Jesús nos enseña que solo una cosa es necesaria: la presencia de Dios en nuestras vidas.
En el Evangelio, Jesús dijo a Marta, hermana de Lázaro, que María había escogido la mejor parte al estar presente con él y recibir su enseñanza. Esto nos muestra que debemos poner manos a la obra y vaciar nuestro templo interior, dejando espacio para la presencia divina.
La oración constante es una herramienta poderosa para lograr este vaciamiento. En la iglesia oriental, practican la Oración de Jesús o la Oración del corazón, que consiste en repetir constantemente la frase ‘Jesús, hijo de Dios, ten misericordia de mí, pecador’. Este acto de repetición nos ayuda a enfocar nuestra mente y abrirnos a la presencia transformadora de Jesús.
En mi experiencia personal, al poner mi voluntad en repetir esta oración, he experimentado cómo Jesús va aplacando todo lo demás en mi vida. No importa cuántas veces la repitas, lo importante es mantener la constancia y buscar estar en la presencia de Jesús. Con el tiempo, la oración se vuelve natural y surge espontáneamente en nuestro ser.
Así que te animo a practicar esta oración constante, permitiendo que el nombre de Jesús llene tu ser y transforme tus pensamientos y acciones. Cuando abrimos espacio para la presencia de Jesús, nosotros mismos nos convertimos en su templo viviente. Sagrario del Dios vivo.
La presencia de Jesús en el corazón puede tener varios efectos en la vida de una persona. A continuación, mencionaré algunos de ellos:
- Paz interior: La presencia de Jesús en el corazón puede traer una profunda sensación de paz y tranquilidad, incluso en medio de las dificultades y pruebas de la vida.
- Esperanza y consuelo: Saber que Jesús está presente en el corazón puede brindar consuelo y esperanza en momentos de tristeza, soledad o desesperanza.
- Transformación personal: La presencia de Jesús puede llevar a una transformación personal, ayudando a las personas a dejar atrás viejos hábitos y comportamientos negativos, y adoptar un estilo de vida basado en los principios del amor, la bondad y la compasión.
- Guía y dirección: La presencia de Jesús en el corazón puede servir como una guía y dirección en la toma de decisiones importantes en la vida. Se cree que Jesús puede hablar al corazón de las personas y ayudarles a discernir lo que es correcto y lo que no lo es.
- Amor y perdón: La presencia de Jesús en el corazón puede despertar un amor profundo hacia los demás y la capacidad de perdonar incluso a aquellos que nos han hecho daño.
No buscamos con la oración de Jesús ningún efecto sensible, aunque el Señor se los regale a quien quiera, cuando quiera.
Os voy a contar una fábula:
Había una vez dos amigos que vivían alejados en medio del monte. El amigo mayor, debido a su edad, no podía moverse, pero el joven tenía la fuerza suficiente para subir la empinada ladera de la montaña y abrir camino entre la maleza para visitarlo.
A pesar del gran esfuerzo que requería, el joven amigo se comprometió a visitar regularmente al mayor. Con cada visita, iba abriendo camino, despejando la maleza y facilitando el acceso al hogar de su amigo.
Con el paso del tiempo, la constancia del joven en sus visitas hizo que el camino se volviera más claro y la maleza desapareciera por completo. Esta transformación del camino se convirtió en una poderosa enseñanza sobre la constancia en la oración del corazón.
Al igual que el joven amigo que perseveró en abrir camino hacia su amigo mayor, la oración constante nos acerca y facilita nuestro encuentro con Dios. Aunque pueda requerir esfuerzo y dedicación, la práctica continua de la oración incesante despeja los obstáculos internos y nos acerca cada vez más a la presencia divina.
Así como el camino se hizo más accesible con el tiempo, nuestra conexión con Dios se fortalece y se vuelve más clara a medida que perseveramos en la oración. La constancia en la oración del corazón nos ayuda a despejar las distracciones y abrir espacio para experimentar la presencia transformadora de Dios en nuestras vidas.
Recuerda, al igual que el joven amigo que abrió camino hacia su amigo mayor, persevera en la oración constante y experimentarás cómo se desvanecen las barreras y te acercas cada vez más a Dios: “Preparad el camino del Señor; enderezad sus sendas” nos grita el profeta.

Guía de meditación:
1. Encuentra un lugar tranquilo donde puedas estar en silencio y sin distracciones.
2. Siéntate en una posición cómoda y relajada, manteniendo la columna recta.
3. Cierra los ojos y toma varias respiraciones profundas para relajar tu cuerpo y calmar tu mente.
4. Visualiza tu templo interior, que representa tu ser espiritual.
5. Reconoce los aspectos de tu vida que están llenando tu templo, como ambiciones, intereses, preocupaciones y egoísmo.
6. Consciente de la necesidad de vaciar tu templo, repite en silencio o en voz baja la frase: «Jesús, hijo de Dios, ten misericordia de mí pecador».
7. A medida que repites esta frase, permite que tu mente se desapegue de las preocupaciones mundanas y se enfoque en la presencia divina.
8. Continúa repitiendo la frase y sintiendo la presencia de Jesús en tu interior.
9. Si tu mente se distrae, suavemente trae tu atención de vuelta a la repetición de la frase.
10. Permanece en este estado de meditación el tiempo que desees, sintiendo cómo la presencia de Dios llena tu templo interior.
11. Cuando estés listo para concluir la meditación, toma algunas respiraciones profundas y abre suavemente los ojos.





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