10/01/2024
¡Abba, querido papá!
Dios, soberano y misericordioso, en este momento de oración quiero alabarte por tu amor incondicional, tu sabiduría y tu bondad. Reconozco tu grandeza y tu poder, y te agradezco por todas las bendiciones que has derramado sobre mi vida. Antes de presentarte mi petición, quiero honrarte y exaltar tu nombre, porque sé que en ti encuentro consuelo, fortaleza y esperanza. Te pido que escuches con amor esta petición que tengo en mi corazón, confiando en tu voluntad y en tu perfecto plan para mi vida.
Hoy, durante la lectio Divina, me sorprendió escuchar a San Ireneo hablar sobre la relación entre el Padre, el Hijo y la revelación divina. Él enseñaba que nadie puede conocer al Padre sin el Verbo de Dios, es decir, sin que el Hijo lo revele, ni conocer al Hijo sin el beneplácito del Padre. Esta misteriosa dualidad, o mejor dicho trinidad, es un concepto propio de la Iglesia Católica, aunque no estoy seguro si es compartido por todas las iglesias cristianas. Lo que sí sé es que te has revelado en innumerables ocasiones, en distintos lugares y épocas, como un Dios Padre misericordioso, cuando ha sido tu deseo hacerlo. También sé que habitas en el corazón de cada ser humano, dándole vida y aliento, ya sea que te conozca o no, que te ame o te odie, que te adore o te maldiga. Como está escrito en Mateo 5:45-48, haces salir el sol para buenos y malos, y haces llover sobre justos e injustos. Así Jesús nos manda amar a nuestros enemigos, bendecir a los que nos maldicen, hacer bien a los que nos aborrecen y orar por los que nos ultrajan y persiguen; ¿no serás Tú, Padre nuestro, capaz de comunicar tu existencia a quien te plazca o darte a conocer a quien te pluga?
Tu hijo que te quiere
Querido hijito, mi jardinero
El celo y la pasión de mi siervo Ireneo al vincular el conocimiento de Mí solo a aquellos a quienes mi Hijo lo revele debe ser comprendido como una unidad. Esto equivale a decir que, en mi soberanía, me revelo a quien elijo. La comprensión de esta misteriosa unidad trinitaria implica que, al ser una sola divinidad, mi revelación es un acto de gracia y misericordia, mi existencia se manifiesta según mi voluntad. En esta revelación, se refleja mi amor inmutable por toda la humanidad.
Hoy exalto la vida y el legado de San Ireneo, mi siervo fiel.
Desde Asia Menor, fue defensor intrépido de la fe apostólica, proclamando la verdad de mi evangelio. En «Adversus Haereses», su pluma refutó falsedades con la luz de la verdad. Su valentía y amor por mi Iglesia reflejan mi luz divina. Su legado es faro de esperanza y guía. San Ireneo, testigo fiel de mi gracia, dejó huella indeleble en la historia de mi Iglesia. Que te inspire a defender la fe con convicción y buscar la unidad en el amor. Sea ejemplo de fidelidad, valentía y amor por la verdad, guiando a quienes buscan mi presencia eterna.
Que mi paz y mi gracia te acompañen en cada paso que des. Que mi amor inunde tu corazón y mi luz ilumine tu camino. Que encuentres fortaleza en los momentos difíciles y alegría en los momentos de gozo. Que mi bendición te guarde y te guíe en todo momento, y que mi paz llene tu vida. Se bendecido con amor, salud y prosperidad. Eres sostenido con mi mano amorosa y te llenao de esperanza y confianza en el futuro. ¡Que mi paz esté contigo siempre!
Tu padre amoroso y eterno.






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