Había una vez, en un pequeño pueblo rodeado de montañas, una joven llamada Lía. Era conocida por su curiosidad insaciable y su amor por los libros. Sin embargo, Lía tenía un problema que no lograba resolver: dentro de ella vivían dos voces que nunca se ponían de acuerdo. Una era fuerte, segura y a veces un poco mandona; la otra era tímida, insegura y siempre dudaba de sí misma. Estas voces discutían constantemente, haciendo que Lía se sintiera agotada y confundida.
Un día, mientras paseaba por el bosque para despejar su mente, Lía encontró una cabaña antigua con un letrero que decía: «Escuela del Silencio». Intrigada, tocó la puerta. La abrió una mujer mayor con una sonrisa serena y ojos que parecían haber visto todos los secretos del universo.
—¿Qué buscas, pequeña? —preguntó la mujer.
—Busco paz —respondió Lía—. Dentro de mí hay un caos. No sé quién soy realmente.
La mujer asintió y le hizo un gesto para que entrara. Dentro de la cabaña había un espejo enorme, con un marco tallado en madera que parecía contar historias de tiempos antiguos.
—Este es el Espejo del Yo —dijo la mujer—. Refleja no solo lo que ves por fuera, sino también lo que habita dentro de ti. Si te atreves a mirarlo, te ayudará a entender tu verdadero ser.
Lía se acercó al espejo con cierta aprensión. Al principio solo vio su reflejo habitual, pero pronto comenzaron a aparecer dos figuras detrás de ella. Una era alta y orgullosa, con una postura imponente. La otra era pequeña, encorvada y parecía esconderse detrás de su propia sombra.
—Ellos son tus «yos» —explicó la mujer—. El primero es tu yo dominante, el que quiere controlar todo, el que a veces se vuelve arrogante y autoritario. El segundo es tu yo temeroso, el que duda y se encierra en sí mismo. Ambos viven en ti, pero ninguno de ellos es tu verdadero yo.
Lía los observó con atención. Se dio cuenta de que ambos tenían algo en común: estaban atrapados en sus propios extremos. Uno actuaba como si lo supiera todo; el otro como si no supiera nada.
—¿Y entonces? —preguntó Lía—. ¿Cómo encuentro mi verdadero yo?
La mujer sonrió y señaló el centro del espejo. Allí apareció una tercera figura: tranquila, serena y luminosa.
—Ese es tu Yo Superior —dijo la mujer—. Es quien eres cuando escuchas con atención, cuando actúas con respeto y armonía, cuando conectas con los demás desde el corazón y no desde el miedo o la arrogancia.
—¿Y cómo puedo llegar a ser como ella? —preguntó Lía.
—Domina tus extremos —respondió la mujer—. Tu yo dominante y tu yo temeroso tienen lecciones valiosas que enseñarte, pero no deben gobernarte. Aprende a escucharlos sin dejar que te controlen. Cada vez que tomes una decisión, pregúntate: ¿esto viene del miedo o del amor? ¿De la arrogancia o de la sabiduría?
Lía asintió lentamente. Entendió que su viaje no sería fácil, pero ahora tenía una guía: su Yo Superior.
A partir de ese día, cada vez que las voces dentro de ella discutían, Lía cerraba los ojos y recordaba el reflejo sereno en el Espejo del Yo. Poco a poco, aprendió a encontrar equilibrio entre sus extremos y a actuar desde un lugar más auténtico.
Y así, en el silencio de su interior, Lía comenzó a descubrir quién era realmente.
Moraleja: Dentro de cada uno de nosotros habitan múltiples voces, pero nuestro verdadero yo no es ninguna de ellas por sí sola. Es el equilibrio entre todas, guiado por la sabiduría, el respeto y el amor hacia uno mismo y hacia los demás.







Deja un comentario